1 ago. 2011


Que Dioniso es un filósofo, y que, por tanto, también los dioses filosofan...

¿Acaso también tenga yo que llegar, en la franqueza de mi narración, más allá de lo que resulta siempre agradable a los rigurosos hábitos de vuestros oídos?

Más aún, si estuviera permitido, yo le atribuiría, según el uso de los humanos, hermosos y solemnes nombres de gala y de virtud, y haría un gran elogio de su valor de investigador y descubridor, de su osada sinceridad, veracidad y amor a la verdad.

Pero con todos estos venerables cachivaches y adornos no sabe qué hacer semejante dios.

«¡Reserva eso, para ti y para tus iguales, y para todo aquel que lo necesite! ¡Yo — no tengo ninguna razón para cubrir mi desnudez!»

— Se adivina: ¿le falta acaso pudor a esta especie de divinidad y de filósofos?

— «En determinadas circunstancias yo amo a los seres humanos, el hombre es para mí un animal agradable, valiente, lleno de inventiva, que no tiene igual en la tierra y que sabe orientarse incluso en todos los laberintos. Yo soy bueno con él: con frecuencia reflexiono sobre cómo hacerlo avanzar más y volverle más fuerte, más malvado y más profundo de cuanto es.»

«¿Más fuerte, más malvado y más profundo?»

«Sí, más fuerte, más malvado y más profundo; también más hermoso»

Aquí se ve a un mismo tiempo: a esta divinidad no le falta sólo pudor —; y hay en general buenos motivos para suponer que, en algunas cosas, los dioses en conjunto podrían venir a aprender de nosotros los hombres.

Nosotros los hombres somos — más humanos...

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